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lunes, 2 de julio de 2012
Esa musa
Levanté la taza de café y noté que ya nada era como antes. Vos no estabas, yo no estaba tampoco. Levanté la taza y noté que yo ya no era como antes, al instante noté también que una musa me seducía, ¡era tan hermosa!, pero había algo en ella, algo melancólico, un toque de sepia en los ojos, algo en sus movimientos, tenía una voz que me penetraba el alma. Creo que estábamos predestinados a conocernos, y creo que no será la primera vez. Lo único que sé es que es oportunista: acto seguido que me dijiste "Adios" ella se sentó al lado mío me dijo "Hola".
Llegué a mi casa, colgué las llaves y sentí un profundo vacío, ¡era tan vacío!.Y ella aún seguía al lado mío. Le saqué el polvo a la guitarra, le saqué el polvo a mi voz y empecé a tocar azarosamente. Luego guardé la guitarra, la tengo porque la amo, pero no sé como tocarla, algún día mis dedos y sus cuerdas haremos melodía. Lo único que quedaba era mi voz, entoné una canción triste... triste como el invierno y las flores que no florecen... oscuro como... ¡como el café!, como ese café con el que tragué tristeza a sorbos. Entoné la más dulce y alegre melodía, me di cuenta que no puedo vivir con la tristeza y que esta extraña musa me parecía conocida.
Sus ojos sepia, su pelo negro, su voz quebrada y melancólica. Me hacía acordar al llanto, ¡pero no cualquier llanto!, al llanto quebrado, como cuando un niño pierde su juguete favorito, como cada vez que alguien muere, como cuando te sentís triste de verdad...
Y desde entonces, decidí ponerle nombre a esa musa, no sabía quien era, no hablaba conmigo. Solo me miraba y caminaba... la llamé Soledad. Desde entonces Soledad aparece en toda ocasión, excepto cuando te cruzo, cuando visito a un amigo, cuando no me siento olvidado... ¡que cosa rara Soledad!. Ella y la noche son los únicos testigos de mis más hermosas palabras y canciones, ellos son mis testigos.
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