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lunes, 10 de junio de 2013

Carlota



No sé si estas palabras van a llegar a vos algún día o si morirán acá, pero, si desde hoy voy a tener que empezar a recordarte, me gustaría recordarte así, como la abuela que siempre fuiste y no como ese pobre anciano indefenso que se había olvidado de casi toda su vida. Así me gusta recordarte, como la abuela que jugaba conmigo a las cartas todos los domingos conmigo y me llamaba cada 31 de Mayo para decirme lo mucho que me quería en mi cumpleaños.

Me gusta acordarme de la abuela cariñosa, comprensiva y defensora que eras, como la Carlota que me acompañaba al kiosco a comprar un chocolate o una golosina. Ni hablar de las anécdotas que me contabas de papá, las historias de tu rebeldía y tu insistente pedido en que no deje el colegio y que no haga como ella que lo dejó.

Yo siempre quise que vivas muchísimo, pero con pleno goce de la vida, y hacía tiempo que ya no podías hacerlo, por lo tanto mi deseo de longevidad se convirtió en un deseo de paz. De que vos estés en paz.
Hoy puedo estar en paz porque sé que todas las veces que te vi desde hace años, siempre te recordé lo mucho que te quería y vos también me lo recordabas. Aunque haya sido una lástima que estos últimos años, sobretodo estos últimos meses, no lo hayas pasado bien, no te lo merecías el sufrimiento; pero hasta acá llegaste y te lo agradezco desde el fondo del alma porque sé que quisiste muchísimo estos 16 años de mi vida y sé que lo hubieses hecho por siempre.

Pero quedate tranquila, de esas cosas nunca me voy a olvidar, esas cosas no mueren acá, esas cosas viven para siempre. 

Me gusta pensar que vos no moriste simplemente, a pesar de mi falta de creencia en la vida después de la muerte, me gusta pensar que simplemente te vas de este mundo terrenal y de ahora en más vas a viajar. Simplemente viajar, a dónde más te guste, que disfrutes del mundo y que puedas tener de acompañante fiel al abuelo que hace tiempo se nos fue pero al que vos siempre quisiste. También eso, me gusta pensar que después de tanto tiempo extrañándolo, hoy puedas encontrarte con él y que puedas contarle todas las cosas que le debes.

Hoy cuando te vi en el féretro me asusté. No eras vos, te faltaba todo lo que eras. Tu cuerpo estaba, pero vos no, te faltaba tu carisma, tu alegría, tu humor y tu amor. Y aún así, me acerqué y a pesar de la congoja y la melancolía que pasa uno al ver por primera vez al cuerpo, te di un beso y en la frente y te constaté de que te voy a querer y adorar para siempre. Para siempre abuela. Que tengas un hermoso viaje. 

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