A veces me levanto, como si sufriese del letargo.
O de alguna somnolencia.
Me miro al espejo, miro todas las cosas con las que cargo.
Y pienso: "¡Qué lindo sería vivir sin conciencia!".
Porque a veces, el pasado es pasado.
Pasado pisado, pero tajante.
Porque tiene la costumbre de osado.
De ponerse por delante.
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