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viernes, 22 de marzo de 2013

¡Olvidar!

Salió de su departamento. Usó el ascensor. Bajó. Abrió la puerta. Salió. Se acomodó el saco. Se quejó del frío. Pensó en que un poco de aire no le vendría mal. Caminó. Caminó. Caminó. La vio. Su corazón latió más rápido. Desvió la mirada. La miró otra vez. Retuvo el aire. La saludó. Esbozó una gran sonrisa. Se distanciaron en la calle. Olvidó su sonrisa. Volvió la melancolía. Los recuerdos. Ella. El otro. ¿Ellos?.

Llegó a su departamento. Colgó el saco. Se preparó un café. La cafeína inundaba su cerebro. Se sentó. Lloró.

Al final de la noche, por suerte, pensó: "A veces las personas que creemos que van a estar siempre, solo van a estar un efímero período de nuestras vidas. Yo quiero... más bien, debo vivir sin rencor. ¡Si, eso!. Al fin de cuentas disfruté su compañía. Y si algún día una linda señorita toca a mi puerta y es capaz de encontrar la púa para las cuerdas de mi corazón y tocar una linda serenata. ¡Hasta las penas se atan!."

Se acostó, miró el techo y por fin. Luego de 4 años. 5 meses. 2 horas. 54 minutos. 2598 besos. 3207 abrazos. 5058 "te amo". Pudo olvidarla.

"Al fin" pensó. "Es que a veces mi mente es un caos".

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