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sábado, 9 de marzo de 2013

El amor capuchino

¿Qué habrá sido de tu felicidad Luciana?.

Luciana era porteña, vivía en un departamento de Barracas desde que nació y nunca se mudó de ahí. Ya a los 32 años, vivía sola. Sus padres ya había fallecido 3 años antes, primero la madre y luego el padre, sin mucha diferencia de días. A pesar del impacto causado en ella, no fue tan grande como aquella tarde.

Aquella tarde, en lo que a la historia de Luciana concierne, es él.

"Él, él, él, él, él, lo quiero a él" fue lo que pensó cuando vio a ese joven esa tarde en el trabajo. Los dos trabajaban en un centro de oficinas de una empresa que manejaba las estadísticas de ventas; la empresa vendía monitores de computadora y estaba dirigida por un señor ya bastante grande, inflexible y sumamente austero.

Esa tarde entró él como otro oficinista más al primer día de trabajo.

Esa tarde entró Luciana como otra oficinista más al primer día de su vida.

Ella nunca se había sentido tan viva, ¡Tan radiante! ¡Tan mujer! ¡Tan!... ¿Enamorada?. Decidió concentrarse a su trabajo y pensar luego en él. ¿Por qué iba a enamorarse justo de él?, ella había visto miles de hombres de su vida, pero nunca había sentido algo tan puro y directo como lo que había sentido por él. Él... ella aún no sabía su nombre. ¿Quién era él?, necesitaba saber quien era, ¡ponerle nombre a sus locuras!.

Luego de un rato lo supo, cuando el jefe lo llamó para asignarle una tarea. Marcos.

"¿Marcos?... L y M. Queda muy lindo, ¿Y cómo nos llamaremos entre nosotros?, no sería lindo decirle Marcos todos los días. Quisiera que me diga Lu, o Luli. ¿Habrá notado mi existencia?"

Y la notó. Luego de una semana Marcos le habló. Se enamoraron y sus labios tocaron los de ella. Desperdiciaron amor en una cama y durmieron abrazados. Todo muy rápido. Todo en cuestión de horas.

Luego nada. Marcos no entabló nunca más conversación. Comenzó a hablar con otra chica de la oficina, Marlene.

"¿Qué tiene ella que no tenga yo?"

Cuando llegó a su casa. Lloró. Gritó. Golpeó paredes. Se instaló en su habitación a escuchar Joy Division y decidió entregarse a la melancolía.

Los días pasaron y ella veía como la perra de Marlene se llevaba lo que en un principio fue de ella. ¡De ella!, ¡Ella lo vio primero y se entregó a su amor!... pero... se dio cuenta de algo. ¿Fue amor? ¿Qué es el amor? ¿Acaso era real eso? ¿Fue amor en serio? ¿La vida se basa en el amor?.

Si algo tenía claro, era que eso, fue amor. ¡Y era cierto!, la sangre corría caliente en sus venas y se entregó al más hermoso de los placeres, con él. La palabra él, ya no tenía otra acepción, ya no era un pronombre personal, ya no era para referirse a una deidad, ya nada. Él, era Marcos. Marcos, era él. Y amor, era Marcos.

Pero pasados los meses, ya no sentía que ese amor era correspondido. En cuestión de 4 meses, Marcos ya había mantenido relaciones sexuales con la mitad de la oficina.

Luciana, otra vez, lloró. Lloró. Ya no podía más. Y gritó otra vez y le prometió a todos los santos del cielo que nunca más iba a vivir. Y así fue.

Al otro día, Luciana fue encontrada muerta en su departamento. Se ahorcó. Dejó una carta dividida en dos:

"Querido corazón:

Hoy detengo el dolor que sientes cada noche y día. Hoy detengo las noches en vilo pensando en él. Hoy detengo la hiedra venenosa que aquella tarde nació sobre la planta de mis pies y hoy como una buena trepadora ha llegado a inflamar los tallos de mi cabeza. Hoy detengo todo. Hoy detengo los recuerdos, que me han golpeado una y otra vez. Hoy detengo mi vida. Hoy descubro que la vida es hermosa, al mismo tiempo del que he descubierto que no merezco vivirla.

Hoy vuelo, vuelo por encima de las cabezas de aquellos que me conocieron. Vuelo por encima de las ciudades y los edificios que alguna vez fueron refugio. Vuelo y cumplo el sueño de todos los hombres. Hoy no vuelvo sobre mis pasos ni vivo entre las sombras. Hoy, este corazón negruzco y melancólico deja de bombear veneno. Hoy, soy estrella que tirita en el cielo y vuela ante las cabezas de los apenados, para que no cometan el mismo error que cometí yo. Que no pierdan la vida.

<<Luego, un poema>>

'Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otra. Será de otra. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Yo no lo quiero, es cierto, pero tal vez lo quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido'

La carta, había convertido a la persona del poema y su amor perdido, en un hombre.

Se dice que nadie acudió al funeral. Pero que el caso fue famosísimo en su barrio y toda alma que se apena por el amor, se dice que es aconsejada por la estrella Luciana.

Como último dato, al lado de la carta, una flor Capuchino, que según la creencia general, el amarillo es un reproche por la indiferencia, el marrón un reproche por inaccesibilidad. 

Y el púrpura, triste color de la gama de los colores, significa el amor perdido, un "Ya no puedo amarte más".





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