Uno se levanta y quiere sacarse ese nosequé del pecho. Le digo así porque no sé como catalogarlo, es una mezcla de tristeza con palabras nunca dichas. Nunca escuchadas. Nunca respondidas. Una maraña de sentimientos alegres que se tropiezan entre sí. Y entre tanto cambalache, se chocan la tristeza y la felicidad, dejando ese gusto a nosequé en el pecho.
A veces sale y se mezcla entre los tonos de mi canto o las cuerdas de mi guitarra. A veces sale de entre mis manos para meterse en mi lápiz mientras escribo. No sé ni la mitad de las cosas que hace, y aún así, hace magia.
¡Magia! ¡Unas simples palabras son magia!. Ese nosequé creó el arte y todas esas cosas que decimos cuando nos enamoramos, nos entristecemos, cuando lloramos o recordamos. Viene disfrazada, nunca va a venir como es realmente, viene disfrazada en la sonrisa de la chica que me gusta, un disco que escucho ilimitadas veces, una lágrima que pasea por la ruta de mi mejilla o hasta una flor que crece en el marco de mi ventana.
Le dicen "inspiración". Quién sabe. Hasta ahora me visita seguido y me da un abrazo; suficiente para escribir todo lo que pienso, suficiente para pensar todo lo que siento, suficiente para sentir todo lo que veo, para ver todo lo que existe y suficiente para que exista todo lo que amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario