Me han planteado esa pregunta muchas veces, al igual que yo mismo me lo he planteado.
Y en la calle encontré respuestas. Vi a gente que salía de sus oficios, con trajes grises, caras grises y una enorme maleta que les pesa. Vi hombres y mujeres parados en una parada de colectivo de la avenida, esperando algún colectivo que los lleve. Veo gente quejándose de sus situaciones y ver como no hacen nada para cambiarlas. Veo que llegan a sus casas, se preparan un café, le gritan a sus parejas, pasan sin saludar a sus hijos, comen inexpresivos y rápidos, y se van a dormir.
Y en la misma calle encontré otra respuesta. Vi a niños que entraban al jardín alegres, que saludaban a sus parientes con un beso, y salían contentos y llorando de la risa. Vi que correteaban por las calles agitando los brazos, cantando canciones y jugando con todo lo que encontraban a su alrededor.
Vi como volvían a sus casas, le comentaban a sus papás las grandes aventuras del día, comen con toda la tranquilidad del mundo, como si el tiempo no les preocupara y vi como luego van a dormirse felices.
Entonces decidí, que cuando sea grande, quiero ser chico.
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